La británica cumple con y alarga su idilio de agradecimiento y amor para con la isla en una carrera en la que la emoción ha estado en el desenlace del podio.

Un monólogo de Lucy Charles-Barclay. Por segundo año consecutivo la británica ha convertido el Club La Santa Ironman Lanzarote de élite femenina en un soliloquio entre ella, la isla y el mítico recinto turístico-deportivo. Si el año pasado, la suya fue una revisión y un reencuentro competitivo con el territorio conejero, este curso la suya ha sido una oda pindárica a los tres estamentos que hacen posible dicha cita.

CHARLES-BARCLAY: LA ‘SIRENA’ SENTENCIA SIN ANESTESIA

Una composición cuya estrofa inicial convirtió a la natación en una exposición de sus virtudes y de su sentencia victoriosa. Tan veloz como un pez vela, tan letal como un pez piedra, Charles-Barclay no necesitó más que tocar el agua de Playa del Carmen para dejar una batalla sin opositoras, más capaz de entremezclarse con los hombres rezagados y dejar el suyo como el sexto mejor crono global del día antes de encarar la T1 con una renta de 3’54” minutos respecto a Stephanie Clutterbuck; de 7’40” con Nina Derron o 10’43” respecto a Rebecca Anderbury.

LA BICICLETA MONTÓ EL PUZZLE DE LA CARRERA

La antiestrofa o lo que es lo mismo, la unidad del segmento ciclista tornó en una mera contrarreloj en la que la británica debatió en profundidad los márgenes de su cuerpo en un escenario propicio para llevarlo al límite al mismo tiempo que ajena o consciente a ello, mantenía a raya y ampliaba las rentas respecto a unas perseguidoras cuya mente distó de estar en cualquier cuita con la británica, sino que se concentró en encontrar su lugar en una clasificación que apenas se modificaría tras los primeros compases sobre la bicicleta.

Es ahí donde lo que quedaba por dirimirse se decidió provisionalmente y esa resolución solo necesitó de 60 kilómetros para dejar la composición casi final de una narrativa en la que Derron se hizo con la segunda posición y respondía con acierto a aquellos que la situaban justo detrás de Charles-Barclay y tras ella una Anderbury que también dio caza a Clutterbuck. Esta última experimentó la parte amarga del triatlón al tener que abandonar la carrera en la T2 cuando todavía contaba con opciones de estar en el podio.

ANDERBURY Y PASKIEWIEZ PROTAGONIZARON UN DRAMÁTICO E INESPERADO FINAL POR EL PODIO

Todo parecía dicho y el maratón parecía estar destinado a ser un epodo ya consabido. Sin embargo, la magia y la maldición de Lanzarote volvió a hacer acto de presencia para romper todos los esquemas y apartar cruelmente a una Rebecca Anderbury cuyo rendimiento se desvanecía a falta de menos de 5Kms de meta después de haber incluso superado a Julie Derron (9:42:02) en los kilómetros previos y posicionarse como una contendiente real por la plata. La inglesa se despedía del podio. Una ‘explosión’ muy propia de la isla que abrió inesperadamente las puertas del podio a la francesa a Nikita Paskiewiez (9:47:36) quien siempre había sido la cuarta en la ecuación.

Por delante, Lucy Charles-Barclay (9:15:39) se dedicó a cumplir con su cometido y a engrandecer un poco más el ya abultado palmarés de una prueba que hoy decía adiós a ese Club La Santa que a ella le dio la primera oportunidad en el triatlón internacional de media y larga distancia cuando solo era ‘una nadadora’. Ahora, en su cuenta ya suma tres victorias en el Club La Santa Ironman Lanzarote y una historia de amor inquebrantable con la isla que este año se salda con triunfo en Volcano Triathlon e Ironman.