El catalán sella una extraordinaria actuación en uno de los triatlones más duros del mundo en el que solo un Niek Heldoorn de récord pudo con él.
Hay amores que vuelven por febrero, otros que lo hacen por Navidad y otros que simplemente llegan en verano para ser tan pasajeros, efímeros y eternos como un 15 de agosto en el calendario. Y a la vez, ninguno de ellos tan retorcidamente duro y complejo como ‘Le Mythe’, un Embrunman Triathlon en el que Jordi Montraveta ha vuelto a demostrar que ante un perfil como el de esta prueba, pocos son mejores que él.
SAYER SORPRENDE UNA NATACIÓN QUE YA ANUNCIÓ LA SUERTE DE LOS ‘NUESTROS’
Con la nocturnidad habitual, en busca de ese alba que les ilumine y guie a lo largo de los 3,8 kilómetros en el Plan d’Eau d’Embrun arrancó una edición de la que el francés Thomas Sayer (45:13) fue su mejor navegador para marcharse y salir del agua en solitario. No esperó a unos Remi Dupuis (46:06) ni Mattéo Bringer que emergieron a un minuto del líder, tampoco a un antiguo ganador, y pronto iba a demostrar el porqué lo era, como Niek Heldoorn (47:11) quien, de entre los favoritos, presentó el mejor arranque al perder dos minutos con el cabeza de carrera y aventajar en otro a nombres como Robin Dupuy (48:37), Maxime Feugier u otra figura clave como William Mennesson (48:44).
Más retrasados lo hicieron el interesante grupo que conformaron entre otros cuatro hombres llamados a ser relevantes sino favoritos como Clément Grandy (53:06), Jon Breivold (53:12), Jordi Montraveta (53:16) y Pello Osoro (53:18) que cedían ocho minutos respecto a Sayer. Mayor diferencia que el curso pasado, pero mejor clasificados justo antes de un segmento en el que se aupaban como claros candidatos a cambiar las dinámicas y situación de carrera.
LES MEANS, CORONÓ A UN HELDOORN QUE NUNCA ESPECULÓ Y MARCÓ EL PASO POSITIVO DE MONTRAVETA & COMPANY
Sin casi tiempo para asimilar el cambio de disciplina, como un latigazo disneico llegó como siempre, aunque no por ello menos sofocante, una carretera que miró hacia arriba, sin santos a los que rogar, tan pronto se subieron sobre sus bicicletas. Les esperaba el ascenso a Les Means, donde por primera vez en tres años no vio pasar en cabeza a Mennesson, sino a un Heldoorn (1:23:41) quien en su regreso a Embrun quería imponer de nuevo su ley y en ese punto todavía inofensivo pero significativo, conseguía un minuto de ventaja sobre el mencionado Mennesson (1:24:51), Bringer y Sayer.
Toda evocación al pasado quedó en manos de los nuestros y en ese patrón que ya se ha convertido en repetición y tradición, Montraveta (1:28:42) solo necesitó de esos primeros 13 kilómetros para recortar tres minutos respecto al líder y compartir con Dupuis, Stockman, Grandy, Breivold y Pierre Ruffaut pugna por la novena posición provisional. Los mismos que Osoro para ceder alguna posición, pero mantenerse todavía dentro del TOP20 y a la misma distancia de la que partió del agua antes de esperar su carburación.
Una marcha más que, sin embargo, ya habían puesto por detrás para una vertiginosa escalada en la clasificación general hombres como Louis Richard – reciente ganador en Alpe d’Huez y defensor de un doble número uno en Embrun – Diego van Looy – antiguo vencedor – o un Alexander Unzueta (1:45:21) que en esta ocasión contaba en más de sesenta las ‘muescas’ que había dejado atrás en poco más de una decena de kilómetros. En su línea.
OTRA VEZ, LA APROXIMACIÓN AL IZOARD
El descenso posterior, el terreno rompepiernas siguiente y la subida a Saint Clément en el kilómetro 60 sirvió para confirmar las dinámicas. Un imparable Heldoorn lo aprovechó para ensanchar su ventaja y disparar hasta los cuatro minutos su renta respecto a Mennesson que, en esos momentos, se postuló en solitario como perseguidor principal. Tras él, y a otros tres minutos, un terceto con Valentin Rouvier, Dupuy y Bringer veía como su caza por parte del grueso de favoritos iba a ser cuestión de minutos. Y es que, antes de dirigirse hacia el Izoard Montraveta, Grandy, Breivold o Lilian Pierré ya se habían asentado definitivamente en el TOP10 y justo antes de iniciarlo ya eran dueños del TOP3.
No obstante, como un déjà vu anual, el catalán volvía a ver como en ese tramo concreto, la distancia con el líder se le disparaba hasta +7’21”, mientras que, a sus espaldas, Richard continuaba su particular cronoescalada para llamar a la puerta de un TOP20 que ya tocaba con la manos en una zona en la que, a priori, todavía tenía mucho por decir y remontar. Lo mismo que un Osoro que, inquebrantable, se mantenía decimosexto a poco más de cinco minutos de Jordi y poco a poco pavimentaba las esperanzas de que esta año sí, Embrun fuera benévolo con él.
IZOARD, QUÉ BUENO QUE LLEGASTE: EL COLOSO LE DA ‘ALAS’ A LOS NUESTROS
Mayestático y supremo les recibió el Col de l’Izoard. Tan jerárquico y juicioso como siempre, pero impresionante y extrañamente conciliador para con los intereses de los nuestros.
El coloso del día no ahogó a un Heldoorn (4:08:49) que se mantuvo en cabeza, pero sí propició que Breivold y Montraveta (4:11:16) mordiesen sobremanera una ventaja que en ese punto quedaba reducida a poco más de dos minutos con ellos y a tres de Grandy (4:12:36).
Un ascenso favorable que también vivieron Osoro y Unzueta. El primero cedía distancia con el TOP3, pero se aferraba a la decimosexta plaza, mientras que el segundo continuaba labrándose su particular progreso hasta un TOP30 que ya oteaba sin remilgos. No hubo atisbo del sufrimiento de los que fueron víctimas el curso pasado todos ellos, pero tampoco síntomas de confianza sabedores que el Izoard puede resultar aparentemente benigno en primer momento y traicionero a largo plazo.
Algo similar ocurría con Richard, que, como ya hizo el en 2025 iba paso a paso escalando en una general en la que ya atentaba contra el TOP10 de un Mennesson (4:15:59) que este sí, cambiaba las tornas con los nuestros y allá donde el año pasado florecía para hacerse todavía más líder sobre la bici, en esta ocasión padecía los envistes de la alta montaña.
LA ROCHÉ DE RAMÉ SE ALINEA CON HELDOORN
En ese juego tan enrevesado que es el ciclismo, el descenso una vez más se convirtió en una pieza increíblemente valiosa y aprovechable, aunque en esta ocasión, Montraveta pensase que, tal vez, y a diferencia de la temporada pasada, no fuera necesario que fuera tan atractiva. Y es que, fue en ese tramo de bajada y llano que les llevó hasta La Roche de Rame donde Heldoorn fue lesivo.
Sin aparentemente despeinarse, el neerlandés no solo recuperó el tiempo que había cedido en la cima de l’Izoard sino que acrecentó hasta los +5’07” su ventaja con el del Club Triatló Prosan y Breivold. Unas diferencias que fueron proporcionales a las que el del Benelux endosó al resto del TOP10 a excepción de un Louis Richard que continuaba yendo a más para atisbar el podio a ocho minutos.
Algo que no cambió, sino que acentuó el segundo paso por Saint Clément. Heldoorn ganó varios segundos más sobre el dúo perseguidor y ahí donde la carrera otras veces ha virado a un escenario completamente diferente, en este congeló cualquier revolución.
Por su parte, y aunque en contraposición entregase minutos, Osoro ganaba enteros al ganar una posición para meterse en TOP15 y Unzueta hacía lo propio para pisar el TOP30.
BREIVOLD Y GRANDY: UN CAMBIO DE CROMOS EN CLAVE ‘MONTRA’ Y FINAL DE CARRERA
Inocuo tramo intermedio cuyo signo cambió en la aproximación a la T2. Una treintena de kilómetros que, si bien no tuvo efectos directos en la marcha del líder y de Montraveta, sí pasaron factura a un Breivold que, tras ir a la estela de este, parecía ser víctima del ‘hombre del mazo’ y se dejaba cuatro con el catalán.
Situación adversa de la que se benefició un Grandy que, desde la sombra, había perseguido y mantenido las distancias y ahora iba a comenzar la carrera a pie a solo un minuto de Jordi. Desde entonces, su mayor peligro, aunque sin olvidar a un Louis Richard que, pese a que, se bajaba a ocho de la segunda plaza que ocupaba el patrocinado por Inverse, era el hombre que en los dos últimos años mejor había gestionado el último segmento del día. Como un metrónomo perfecto.
Un timing perfecto que Osoro y Unzueta demostraron en ese postrero 30K para encaramarse a la decimotercera y vigésima posición respectivamente. Para ellos quedaba lo más difícil, sellar dicho resultado en el 42K.
MONTRAVETA UN GLADIADOR INFINITO, HEDOORN UN TRIUNFO SUPERSÓNICO
Por delante y para decidirlo todo un maratón con más de 400m de desnivel como traca final para unos deportistas que debieron balancear ese último esfuerzo junto con las más de seis horas de actividad y los 5000m de desnivel acumulado en sus piernas sobre la bici. Un cóctel perfecto para que todo implosionase o, por defecto, nada sucediese.
Si a ‘volar’ sin cambiar el resultado se le considera no ocurrir nada, eso pasó, si a ‘volar’ y marcar registros únicos con un duelo a tres con dos objetivos diferentes se le considera pasar cosas, entonces aconteció uno de los mejores finales de Embrunman.
Tan pronto como las zapatillas estuvieron puestas se desveló el misterio y el triatlón volvió a rugir para anunciar una tensa batalla al estilo de una guerra fría. Distante, pero incesante en el que un movimiento se alternó con un contra movimiento entre los tres primeros clasificados, quedando ya fuera de toda discusión un Breivold al que Richard y Stockman mejoraban en ritmo y su ‘caída’ era cuestión de tiempo.
El paso por el medio maratón escenificó ese juego táctico. Montraveta había reducido apenas un minuto de los cinco que necesitaba con Heldoorn y, paralelamente, y tras un momento en el que Grandy se acercó a medio minuto de él, Jordi respondió instaurando un muro de dos minutos entre ambos que se elevó hasta los tres en el kilómetro 30. F
ue ahí, en ese emblemático punto donde todo puede pasar, donde la carrera soñó con que tal cosa podía suceder. Solo eran dos los minutos que tenía Montraveta para recuperar y más de diez los kilómetros que tenía por correr. Pero en esa carrera contra un reloj que le iba en contra, Niek Heldoorn (8:59:46) conquistó una partida en la que supo sufrir y gestionar los esfuerzos para no solo batió todos los récords del circuito al ser el primer y único hombre en bajar del Sub’9H, sino contener el empeño de un Jordi Montraveta (9:01:04) que no cejó en sus intentos hasta que la lógica se impuso casi en la misma línea de meta. El tercer puesto fue para Clement Grandy (9:03:52).
Menos de dos minutos han separado a Jordi Montraveta de un triunfo que hubiese sido épico, pero ni esa cantidad ínfima le priva de un resultado hercúleo, el mejor de su trayectoria en Embrunman Triathlon en el que no para de progresar y en el que suma su segundo podio consecutivo en tres participaciones. Un bronce antes, una plata hoy, ¿qué puede lograr en un hipotético cuarto intento?
OSORO Y UNZU ESPLÉNDIDOS DENTRO DEL TOP20
Detrás, se completaba la reconciliación de Pello Osoro con la prueba y tras años al que al eibarrés le salía cruz en ‘Le Mythe’ el del Peñota ha finalizado decimoquinto y Alex Unzueta, decimoséptimo.








