Junto con mi amigo e inseparable compañero de locuras Jordi Miranda hemos tenido la suerte de poder participar en esta 9ª edición y contar con el apoyo de la organización, especialmente agradecido con la figura de Nicolas Beck (@unpocodenico), quien aún a sabiendas de las limitaciones que tenía al trabajar lunes y viernes, accedió a esperarnos hasta la 1am para entregarnos la llave de nuestra habitación y asegurarse en todo momento que no nos faltase de nada.
Si algo he de reconocer a los organizadores es el gran despliegue, capacidad y precisión a la hora de prepararlo todo, con transiciones en distintos lugares y la abertura de boxes el mismo día de la carrera, solamente 2h30’ antes del inicio de la prueba, dando la opción a los participantes que dejasen todo el material en el lago y encargándose ellos de la subida del mismo a los boxes arriba en Alpe ya para la carrera a pié. Mención especial a los avituallamientos en el segmento de ciclismo, más parecidos a una marcha ciclista de lo completos que eran. Invitando a parar, comer, beber y hasta cambiarte de equipación en el avituallamiento especial del km 65.
Después de levantarnos a las 6 am para el preceptivo desayuno precompetitivo, nos encontramos con un panorama bastante descorazonador, frío y lluvia fina ya acompañándonos desde antes de la salida, parece que va a tocar tirar de épica (y de la ropa térmica que nos apresuramos a comprar en las tiendas el día antes ¡benditos novatos!). Dejamos las zapatillas de correr y bajamos en bici por el circuito que ha marcado la organización que nos permite acercarnos al lago sin necesidad de ir en coche. Ya una vez marcados y enfundados con el neopreno nos acercamos al lago, solo se permite entrar al agua 15’ antes, pero no hay prisa para quedarse helado ya que el agua se encuentra a 13º. Aunque la salida supuestamente se realiza desde dentro del lago, todos esperamos en la orilla. Los pocos (inconscientes) que han querido calentar, rápidamente han descubierto su error y han esprintado hasta la otra orilla a esperar el cañonazo de salida.
El perfil ciclista consta de tres puertos principales y un toboganeo constante entre ellos, más un repecho especialmente duro a medio camino del segundo cuello. Nuestra subida al Col de Alpe du Grand-Serre estuvo marcada por la niebla que solamente deja ver la ladera montañosa (y alguna que otra fresa silvestre, aunque me apetezca mucho no paro a coger) y la llovizna en la bajada. En los quilómetros finales del Col d‘Ornon hace acto de presencia el temido viento, convirtiendo una rápida y sencilla subida en un pequeño infierno. Finalmente y tras la zigazeante bajada nos acercamos a la base de Alpe d’Huez y sus temidas 21 curvas, que vas coronando entre los ánimos de la gente y un ya constante dolor de piernas. No es hasta media ascensión que me reencuentro con mis amigos Jordi y Anna, siempre alegra el día verlos.
Al cruzar la línea de meta nos aguardaba una última sorpresa: bañeras de hidromasaje con agua fresquita, amén de los indispensables platos de fruta, pasta y una buena cerveza fría!
imagen portada: https://www.facebook.com/alpetriathlon
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