Al parecer, un “amigo de lo ajeno” entró en la zona de transición (cuando ya varios triatletas habían salido del agua) y, ni corto ni perezoso, se puso el casco y el dorsal “1242”, cogió la bicicleta y enfiló la salida de boxes para encarar los 40km del segmento ciclista, como un triatleta más. Lejos de competir esos 40km, nuestro “falso triatleta 1242” trazó su propio circuito y finalizó el segmento en su casa, con una bicicleta robada. La bici en cuestión es una Dedacciai Temerario, montada en Durace y ruedas Mavic Cosmic Carbon.
Ahora mismo, tanto el damnificado, la empresa organizadora del evento como Marathon-Photos, están tratando de obtener los metadatos de las fotografías para tener información exacta de cuándo fueron tomadas y así tratar de verificar todo el material grabado en vídeo con el fin de identificar al ladrón.
Desgraciadamente no es el primer robo de bicicletas que se da en un triatlón: es de sobra conocida la historia del triatleta madrileño que se inscribía en las pruebas y aprovechaba el caos de la t1 para sustraer bicicletas de hasta 10.000€ (podéis leer la noticia aquí: http://www.triatlonchannel.com/capturado-el-ladron-de-bicicleta/).
Ante estos sucesos desagradables sólo cabe una pregunta, ¿es suficiente la seguridad, a nivel material, que se le da al triatleta que paga una inscripción? ¿Deberían incrementar dichas medidas de seguridad? ¿Deberían limitar el cupo de participantes para que no se produzcan masificaciones con el consiguiente caos organizativo?
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