Jakob Ingebrigtsen ha vuelto a lo grande y es que después de casi un año sin competir, el noruego se proclamó ayer campeón de Europa de 5.000 metros en Birmingham con 13:15:29, pero más que el resultado, lo que impresiona es la manera en la que construyó la victoria.

DE MENOS A MÁS

Ingebrigtsen no salió dispuesto a imponer un ritmo demoledor desde el principio, de hecho todo lo contrario,manteniéndose atrás y dejando que fueran otros los que asumieran el protagonismo.

El comienzo fue relativamente tranquilo para una final de este nivel, con el primer kilómetro alrededor de 2:45 y Jakob guardando fuerzas mientras la carrera avanzaba.

El paso por los 3.000 metros fue de 8:10:04, lo que supone aproximadamente 2:43/km de media hasta ese momento, pero el noruego todavía estaba lejos de dominar la carrera, aunque su estrategia empezaba a tener sentido, esperar y reservarse para el final.

CUANDO EMPEZÓ A ACELERAR, TODO CAMBIÓ

A partir de ahí, Ingebrigtsen comenzó a avanzar posiciones. El ritmo fue aumentando progresivamente y la carrera entró en esa fase en la que cada metro empieza a pesar mucho más.

El noruego pasó de correr en torno a 2:45/km al inicio a moverse por debajo de 2:40/km en la parte decisiva y entonces llegó su especialidad.

Cuando quedaban unos 600 metros, Jakob lanzó su ataque y ese tramo lo completó en 1:24:05, equivalente a un ritmo aproximado de 2:20/km, pero todavía no había terminado de apretar.

400 METROS FINALES A 2:17/KM

Los últimos 400 metros fueron simplemente brutales, 54.8 segundos tardo en esa última vuelta a la pista, corriendo a un ritmo equivalente a aproximadamente 2:17/km.

Y después de casi 5.000 metros de carrera todavía tenía otra marcha. Los últimos 200 metros los hizo en 26,04 segundos, mientras que los últimos 100 fueron en unos increíbles 12.07 segundos.

Es decir, Ingebrigtsen pasó de comenzar alrededor de 2:45/km a terminar corriendo a un ritmo cercano a 2:17/km consiguiendo un resultado que fue 13:15:29, una media de 2:39/km, o lo que es lo mismo, 22,63 km/h durante los 5.000 metros.

El noruego no necesitó correr al límite desde el disparo sino que fue de menos a más, guardando fuerzas y esperando hasta que llegó el momento de convertir la final en una carrera de velocidad.