Analizamos cada aspecto a tener en cuenta para un tapering ideal en un proceso donde lo importante es aprender a llegar, no solo a entrenar.

Hay un momento concreto en la preparación del Club La Santa Ironman Lanzarote en el que todo cambia. De repente, el plan empieza a vaciarse. Las horas bajan, los entrenamientos se acortan y aparece una sensación incómoda para cualquier triatleta: “¿estaré haciendo demasiado poco?”. Es justo ahí donde empieza el tapering… y donde se decide gran parte del resultado.

Club La Santa Ironman Lanzarote no se gana en las últimas semanas, pero sí se puede perder en ellas.

EL ARTE DE AFLOJAR SIN DESCONECTAR

El tapering no es descanso pasivo ni vacaciones encubiertas. Es un proceso activo, pensado para llegar al día de la carrera con el cuerpo descargado de fatiga, pero con el motor todavía afilado. En una prueba tan exigente como Lanzarote, donde el viento y el desnivel no dan tregua, llegar cansado es una condena segura.

En la práctica, el tapering suele empezar tres semanas antes del Ironman. El volumen total de entrenamiento va bajando progresivamente —entre un 40 y un 60 %— mientras se mantienen pequeños recordatorios de intensidad. No se trata de hacer series heroicas ni de “demostrar” nada: se trata de recordar sensaciones.

Muchos triatletas que venían entrenando 17–18 horas semanales se encuentran, de pronto, con semanas de 10–11 horas, y una semana de carrera que apenas llega a 6–7. Es normal dudar. También es una buena señal: significa que el cuerpo empieza a recuperar.

MANTENER EL GESTO, NO EL DESGASTE

En el agua, el tapering suele ser agradecido. La natación admite bien mantener la frecuencia sin acumular fatiga. Dos o tres sesiones semanales, algo más cortas, con bloques de 200 o 400 metros a ritmo de carrera, ayudan a no “perder el tacto”. La última sesión, normalmente el jueves, es más mental que física: poco volumen, buenas sensaciones, salir del agua con ganas de más.

La bicicleta, en cambio, es el eje central de Lanzarote y donde lo más fácil es pasarse… incluso en el tapering. El perfil del recorrido invita a “probar una última vez” los desarrollos, el acople o las sensaciones subiendo. Error. El último entrenamiento largo en bici debería quedar a unos 10–12 días de la carrera, y no ir más allá de las 4 o 4 horas y media. A partir de ahí, sesiones más cortas, con algún bloque a ritmo Ironman, recordando el gesto de empujar fuerte con cadencia controlada.

En carrera a pie está la trampa final. Las piernas empiezan a sentirse ligeras justo cuando ya no hace falta forzarlas. El último rodaje largo suele colocarse dos semanas antes, alrededor de los 90 minutos. Desde ahí, tocar frecuencia, algo de ritmo, y proteger el músculo. Llegar sin daño vale más que llegar “afilado”.

LA BICI NO SE REVISA LA SEMANA DE CARRERA

En una isla donde el viento lateral y el asfalto volcánico castigan cada tornillo, la revisión de la bici no es negociable. Y no, no debe hacerse el jueves antes de la carrera.

Lo ideal es dejarla lista 10 o 12 días antes, cuando todavía hay margen para rodar y comprobar que todo funciona. Cadena limpia y al día —mejor nueva que “aguantará una más”—, cassette y platos sin desgaste acusado, pastillas de freno con vida suficiente y tornillería revisada con dinamométrica.

En Lanzarote, además, la elección de cubiertas marca la diferencia. Si el cuadro lo permite, un ancho de 28 mm ofrece más control y confort en días de viento. En cuanto a presiones, conviene huir del exceso: un triatleta de 70–75 kg suele moverse bien en torno a 75–80 psi (5,2–5,5 bar), ajustando algo más si el peso es mayor. Estabilidad por encima de todo.

COMER PARA LLEGAR LLENO, NO PESADO

La nutrición en los días previos suele generar dos errores opuestos: el miedo a comer poco y el pánico a no haber cargado suficiente. La realidad, como casi siempre, está en el equilibrio.

Desde el miércoles hasta el viernes, lo ideal es aumentar la ingesta de hidratos de carbono de forma progresiva, hasta situarse en torno a 8–10 gramos por kilo de peso corporal al día. Para un triatleta de 70 kg, eso significa entre 560 y 700 gramos diarios, repartidos en varias tomas. No se trata de atracones, sino de constancia.

A medida que se acerca el sábado día 23 de mayo, conviene reducir la fibra y los alimentos “difíciles”, evitando sorpresas digestivas. Arroz, pasta, patata, pan blanco, fruta madura y bebidas isotónicas suelen ser aliados fiables.

La hidratación es igual de importante. Beber entre 35 y 45 ml por kilo de peso al día, con un aporte extra de sodio —alrededor de 1.000 a 1.500 mg diarios— ayuda a llegar bien equilibrado a una carrera como la del Club La Santa Ironman Lanzarote donde el calor y el viento pueden acelerar la deshidratación desde el primer minuto.

LLEGAR CON HAMBRE… TAMBIÉN DE CABEZA

El tapering no es solo físico, también mentalmente es una de las fases más complicadas de la preparación. Aparecen dudas, se revisan entrenamientos antiguos, se comparan sensaciones. Todo parece demasiado silencioso.

Es normal, de hecho es deseable. El cuerpo empieza a pedir acción, y la cabeza busca certezas donde ya no las hay. En ese punto conviene recordar una verdad incómoda pero liberadora: nada importante se gana entrenando más la última semana.

El día D, cuando suene la sirena en la playa de Puerto del Carmen y arranque el Club La Santa Ironman Lanzarote, lo que marcará la diferencia no será la sesión que no hiciste, sino haber llegado descansado, bien alimentado y con el material a punto. Lanzarote siempre exige respeto, pero también sabe premiar a quien sabe esperar.

El tapering, en el fondo, es eso: aprender a llegar. No antes. Justo a tiempo.