Una alimentación correcta, en la que predomine la vitamina C, refuerza el sistema inmunológico y ayuda a evitar los dichosos catarros.
La alimentación juega un papel muy importante para evitar los resfriados, y que cada estación tenga sus propios alimentos no es una coincidencia. La naturaleza es muy sabia. Por ello, en cada época del año, el campo pone a nuestro alcance los nutrientes que el cuerpo necesita durante esa estación para estar sano. Igual que en verano las frutas de temporada tienen un mayor contenido en agua para combatir el calor y la deshidratación, tanto en otoño como en invierno los cítricos son las frutas estrella, ya que contienen la dosis de vitamina C que nuestro organismo necesita para evitar y combatir los resfriados e infecciones propias de esta temporada.
Está comprobado que ciertos alimentos y nutrientes ayudan a fortalecer el sistema inmunológico y a protegerlo de ciertas enfermedades. Así, las personas que tienen deficiencia de nutrientes específicos están más expuestos a resfriarse que aquellas que están bien alimentadas. “La alimentación es fundamental a la hora de prevenir cualquier enfermedad y también lo es a la hora de evitar catarros y resfriados. Un buen estado nutricional del cuerpo hará que las defensas estén alerta y preparadas para afrontar cualquier ataque de virus y bacterias”.
Así, la mejor manera de empezar el día en invierno es con un zumo de naranja recién exprimido o incluir en el desayuno un par de kiwis, que es la fruta con mayor aporte de esta valiosa vitamina (el doble que la naranja), además de un gran contenido en fibra.
No obstante, además de consumir alimentos ricos en estas vitaminas debemos ingerir otros que por sus cualidades también ayuden a estimular nuestro sistema inmunológico. Entre ellos destacan el ajo o la cebolla por su contenido en alicina, que tiene un efecto antibacteriano y antiviral que nos ayudará a evitar los ataques de estos microorganismos.
El ajo es el antibiótico natural más potente que existe, pero sin los efectos secundarios de los fármacos químicos. En algunos países del norte y del centro de Europa, con la llegada del frío, ingieren medio diente de ajo por las mañana a modo de pastilla. Para aquellos que no soporten su sabor, existen pequeñas grageas elaboradas a base de ajo con las mismas propiedades.
Los alimentos ricos en folatos o vitamina B también son una buena ayuda para prevenir el resfriado, y es que este tipo de nutrientes fortalece también nuestro sistema inmunológico. Podemos encontrarlos en las verduras de hoja verde de la familia de las coles, que engloba a la coliflor, repollo, brócoli… También se hallan estos nutrientes en los cereales integrales y en las legumbres.
Si el resfriado ya ha vencido a nuestras defensas y se ha instalado en nuestro cuerpo, la alimentación sigue jugando un papel importante. “Es fundamental incluir todo lo anterior diariamente en nuestra alimentación y además intentar cuidar nuestro organismo con caldos vegetales depurativos, y aumentar la ingesta de líquido suficiente, ya que, en caso de fiebre, evitan la deshidratación y la sequedad de las mucosas. Por supuesto, el reposo también es necesario para la recuperación”.
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