Tras años buscando el slot para el Mundial Ironman Ugarte lo logra en una carrera cuya hazaña selló con un maratón para el recuerdo.
“Las circunstancias no hacen al hombre, solo lo revelan”. La reflexión de Epicteto podría encabezar la antología de crónicas abiertas de Mikel Ugarte dentro del triatlón de Larga Distancia. Esa misma que este domingo se vio ampliada con el relato más anhelado de su vida, aquel dedicado a la consecución del slot para el Campeonato del Mundo Ironman de Kona 2026 en Ironman Sudáfrica.
Los artículos dirán que la Hobie Beach y la bahía de Algoa asistieron a una natación dominada por el ídolo local, un Jamie Riddle que propuso el ritmo y rompió la carrera para abandonar el agua junto a Mattia Ceccarelli con casi dos minutos de ventaja sobre sus inmediatos perseguidores, rozar los tres de distancia respecto a Matthew Marquardt y sobrepasar los cuatro y medio de renta con un Ugarte que liquidó el trámite en una solvente y alentadora séptima plaza.
Los mismos explicarán que Marquardt cambió el rumbo de la carrera en un segmento ciclista en el que ofreció una exhibición para ahogar las pretensiones de Riddle y tomar el control absoluto de la misma ajeno a las particularidades del resto de participantes. Entre ellas las de un Mikel que a lo largo de las tres vueltas por el siempre ventoso y exigente trazado sudafricano tuvo que lidiar con la sangría de tiempo perdido respecto a la cabeza y todavía más importante gestionar con cabeza su recesión en la clasificación que le alejaba del garante de su sueño, el slot. Once hombres le antecedieron en la T2, ninguno de ellos con billete a Hawái confirmado y únicamente cuatro los que se ponían en juego. A su favor, un maratón siempre insidioso y la confiada esperanza de remontar y limar los más de cinco minutos que le separaban del cuarto cajón.
En los periódicos ya sin tinta, pero sí con huella digital, recogerán que Ugarte comenzó a generar sus titulares en la misma transición, donde realizó su primer adelantamiento; los perfiló en el paso del medio maratón donde ya era sexto y los envió a la imprenta antes del ‘muro’ cuando aprovechándose del abandono de Matt Ralphs – que marchaba segundo – y el desfallecimiento de Riddle se aupó a una cuarta posición que jamás abandonó y defendió a muerte antes de consolidarla y permitirse con pensar en luchar por el bronce cuyo dueño en meta y a solo a medio minuto fue Tristan Olij. Tanto es así que los datos recordarán que el de Ugarte fue el segundo mejor maratón del día (2:39:21) a apenas unos segundos de la del ganador, Marquardt.
Todos esos diarios narrarán una medalla de chocolate con sabor a oro, pero olvidarán en el tintero el particular viaje a Ítaca de Mikel Ugarte. Aquel que podría ahondar superficialmente y relatar que la consecución de este logro histórico para el de Oñati llega después de 28 semanas de pretemporada para parafrasearlo llegar en las mejores condiciones al primer objetivo del año. Y, sin embargo, el escrito quedaría incompleto porque dejaría en el tintero un 2025 en el que poco o nada salió como esperaba. Sin victorias, sin podios, sin el rendimiento que creía tener en su cuerpo y que dejó atrás, en el cajón de los desencantos, para afrontar renovado el 2026 con “ganas, ilusión, dedicación, ambición y algún que otro cambio también”.
Y, pese a ello, todavía quedaría incomprendida la historia del hito del guipuzcoano y el carácter de este. Porque aquello únicamente había sido una continuación y obviaría un 2024 de eclosión en el que lo pudo tener todo y la parte más maléfica del deporte se cruzó con él haciendo de su primer – y hasta el momento único – podio en Ironman se convirtiese en diferido en un recuerdo endiabladamente amargo debido a las circunstancias que lo rodearon. Bronce en Ironman Lanzarote, pero sin slot con histrahistoria.
Indudablemente, este escrito también peca de rudimentario y pasará por alto otra infinidad de vicisitudes ocultas que rodean la trayectoria de un hombre cuya peregrinación en la Media y Larga Distancia internacional comenzó en 2020, y al que desde ayer las espinas del camino dejaron de doler en ese santuario que no está en Arantzazu sino en Port Elizabeth e Ironman Sudáfrica del que muchos se han vuelto fieles devotos, sino que se lo digan a Marta Sánchez.
Porque tenía razón Epicteto, la montaña rusa de sucesos, contratiempos, altibajos y golpes morales han dejado al descubierto la naturaleza de Mikel Ugarte; un tipo que prosperó, cayó, se levantó, nunca dejó de trabajar y por fin tiene lo que tanto deseó, una plaza en la meca, en Kona. Hito que le abraza como autoregalo de su reciente cumpleaños. Ahora, la antología personal del vasco ya sabe que si el infortunio no se cita con él tendrá un nuevo capítulo en otoño, pero hasta entonces y con la tranquilidad del saberse clasificado, esta espera cubrir más jornadas de batalla y esperemos gloria en un calendario desconocido para terceros.
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