Casi un millar de corredores consiguieron su medalla sin haber superado los 42.195 metros del recorrido original en la ciudad angelina.
El espectáculo deportivo y la polémica envolvieron a la Maratón de Los Ángeles 2026 del pasado 8 de marzo a partes iguales del que ahora se ha resulto el misterio. Lo primero se resolvió con un final de infarto donde el estadounidense Nathan Martin superó al keniano Michael Kimani Kamau en la última zancada por una centésima de segundo, tras remontar en el último kilómtro y firmar el final más ajustado de la historia de la prueba. A lo segundo se le ha puesto punto y final un mes después de su inicio.
Todo comenzó cuando la organización del Maratón de Los Ángeles de 2026 confirmó que los participantes tendrían la opción de correr únicamente 18 millas (28.97 kilómetros) y, aún así, recibir una medalla de ‘finisher’.
Una medida drástica que justificaban debido a las altas temperaturas que se esperaban durante la celebración de la carrera, de 21 a 24 °C de media con máximas de 26 °C.Anuncio realizado y polémica servida. La comunidad maratoniana se dividió entonces entre aquellos que aceptaron la decisión por motivos de seguridad y aquellos que veían en la medida una burla a la tradición y a la idiosincrasia de una prueba que para muchos empieza a partir del ‘muro’ del kilómetro 30 y una injusticia para con los corredores que realmente completasen la distancia de Filípides. En definitiva, una treta perfecta para muchos para dársela de finisher, sin serlo.
Más de dos semanas después de la celebración del Maratón de Los Ángeles se ha desvelado la incógnita y, tras hacerse público los cronometrajes oficiales a los que ha tenido acceso exclusivo el medio Runner’s World, se ha conocido que fueron 985 los corredores decidieron dar por terminado su recorrido a las 18 millas. Lo que representa al 4,5% aproximadamente de los 23.374 atletas que tomaron la salida fueron ‘falsos finishers’ de medalla.
Números menores a los previstos e identidad de la Maratón de Los Ángeles salvada por ambas partes. Por un lado, por la honestidad de los participantes y, por otro, por una organización que prometió haber diseñado una válvula de escape y no una ‘trampa’ y finalmente lo llevó a cabo comunicando que todos aquellos que se detuvieron en la milla 18 podrán haberse colgado la medalla – aunque no se ha cuantificado cuantos la aceptaron o rechazaron – pero no recibirán el certificado de finisher. El ‘postureo’ en redes sociales podría seguir ‘vivo’, pero mantuvieron intacta la ética deportiva.
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