Ahora ya si. Ya lo he conseguido. Este era el reto que perseguía para este año, con ahínco, con mucha dedicación, con mucho esfuerzo y mucho frío. El invierno de entrenos ha sido duro, y todo tenía un único fin: Half Challenge Barcelona – Maresme. Este era el reto importante de mi temporada, hasta aquí quería llegar sin plantearme mucho más para estos meses. Para quien no quiera seguir leyendo ya avanzo que, junto a alguna otra, ha sido la mejor experiencia de mi vida.
El día empezó pronto, demasiado pronto para haberme dormido sobre las 23h. El día empezó a las 5 de la mañana. Sonó el despertador y tardé 0,35 segundos en levantarme, creo que estaba inconscientemente despierto esperando el ring… El material ya estaba preparado de la noche anterior, solo faltaba vestirme, asearme mínimamente y poner rumbo a Calella, esa zona de la costa donde las playas ya empiezan a ser más bonitas. Mis mochilas y yo pronto nos plantamos en Calella, a punto para acabar de dejar listas un par de cosas que olvidé el día anterior. La Negri ya estaba allí esperándome desde el día anterior.
Sobre las 7 me coloqué el neopreno para salir a calentar… que más bien fue enfriarme porque el agua estaba bastante fría, “qué largos se van a hacer los 1900 m que que tengo que nadar”, me dije. Lo dicho, me mojé un poco y salí del agua a la espera de que los jueces dieran la salida.
8.10 de la mañana, entramos al agua como locos, dándonos golpes, apartándonos unos a otros… qué incómodo. Yo siempre pienso: ¿Por qué tanto golpe si nos vamos a molestar igual? En fin, comencé a nadar, nervioso, alto de pulsaciones, con mucho frío, y con mucha gente que me golpeaba, y no me gusta. Al final solté un par de coces… Pero intenté relajarme porque sino todo apuntaba que serían los peores 2 km de mi vida en el agua. Poco a poco me fui relajando y fui cogiendo el ritmo de carrera. Aun así se hizo largo, pero fue bien. Llegué a la transición contento, porque pensaba que me habría ido peor, pero comprobé que había salido del agua bien de tiempo.
Tranquilamente me senté en el banco, me quité el neopreno, me puse el casco y las gafas de sol, me calcé las zapatillas de ciclismo y me dirigí hacia el aparcamiento de bicis, donde previamente había tomado referencias (en mi memoria. Raro) para recordar más rápidamente dónde estaba mi Negri entre todo aquel montón de bicicletas. La encontré rápidamente, ella nunca me falla… Salí corriendo con ella de la mano, hasta que pude subirme. y a partir de ahí todo fue sonreír. El tramo de bici se me hizo cómodo, también es cierto que es lo que mejor había entrenado. Empecé a rodar a buena velocidad y, lo más importante, supe mantenerla junto a mis fuerzas durante los 90 km que duró el recorrido. Se me hizo muy solitario, no estaba permitido el drafting, lo cual provoca una sensación de soledad que en mi caso agradezco sobremanera, pues me he acostumbrado a ello, entrenando también.
La segunda vuelta al recorrido aun fue más rápida que la primera, y como me encontraba bien decidí que iba a darlo todo pedaleando porque sabía que en cualquier caso iba a perder posiciones corriendo, y no solo eso, sino que iba a sufrir mucho. Mis dolores…
Aparqué la bici más que contento, 2 h 48 min. A partir de aquí empezaba el calvario.
Bien es sabido, entre quienes me siguen mínimamente, que arrastro una sobrecarga en el tensor de la fascia lata, que no es otra cosa que una parte delicada entre el isquiotibial y el cuadriceps. Ello me provoca serios dolores en la rodilla, hasta el punto de dejarme clavado sobretodo corriendo. Aun así… arriesgué.
Llegué a la transición, aparqué la bici, como iba diciendo… Y lo primero que hice fue tomarme dos ibuprofenos de 600 mg seguidos, después me puse las zapatillas y la gorra y a correr.
21 km me esperaban, con mucho calor, un recorrido bastante feo (dos vueltas de 10 km), y después… La Gloria. Esa sensación de cruzar la meta que… espera, espera, espera… no pensemos en la meta todavía que quedan 2 h para eso.
Empecé a correr y al mismo tiempo empezaron mis dolores, pero sorprendentemente eran más suaves de lo que esperaba. La primera ida de 5 km se hizo cómoda (todo lo cómodos que pueden hacerse 5 km con un calambre en la rodilla a cada paso que daba), del 5 al 10 empezó el infierno. Psicológicamente empezaba a estar flojo, no hay nada como un dolor fuerte para desconcentrar y perder la cabeza, pero intenté mantener. Un detalle que olvidaba… hasta el km 8 arrastré un maldito flato que sumado al resto desembocó en 4 o 5 lágrimas desconsoladas y rabiosas, de esas que invitan a apretar los dientes. Pasé por meta, km 10, aun quedaba una vuelta entera, y la idea me hundió. El dolor había aumentado, ya no había ibuprofeno, ni nada, solo sol y sufrimiento. Creo que dejé de pensar y de ver… miraba pero no veía, alguna vez oía algo, gente que grita tu nombre, no sabes si los conoces o no, a otros si los conocí, claro. Pero todo da fuerzas, en ese momento cualquier palabra da ánimos, porque te aferras a lo que sea, hasta al dolor…
Pasé el km 15 y supe que por mucho que sufriera iba a acabar, como fuese… la única condición: no andar, correr aunque fuese despacio, pero correr. Solo me permití andar en los avituallamientos, otro flato podía destrozarme del todo. Así lo hice, así fue como llegué al km 20, corriendo, sin paradas, sin pausas, estaba a punto de convertirme en finisher, esa palabra que tanto sentido ha cobrado los dos últimos años, y espero que los próximos. ¿Y sabes por qué? Por varias cosas:
Por la lucha, por el sacrificio, por el entreno, por el dolor, por los nervios, por las noches previas de dormir poco, por las no fiestas con los no amigos, por mi, por el reto, por las sensaciones, por el Club Where Is The Limit, o mejor dicho, por la gente del Club Where Is The Limit, por lo que se queda atrás y por lo que vendrá, por el “ausentismo social”, por el desarrollo personal, por empezar de nuevo a conocerse a uno mismo… por todo eso y por lo que me dejo. Pero sobretodo:
Por ver la cara del señor Víctor cuando las lágrimas se apoderan de su expresión valiente y tenaz de ceño fruncido, y por ver esa preciosidad que llora a su lado y que no podía responder a otro nombre, Ángeles. Ellos son el único motivo por el que yo pude sonreír mientras entraba en meta corriendo, cojeando y llorando también. Nada más hubiera arrancado de mi una sonrisa. Nada. Se me encoge de nuevo el estómago al recordar.
Espero que alguien pueda entenderlo.
Gracias por todo.
Thanks for Tri.
Zeus Díaz Cid











Muchas gracias, es un honor para mi estar en vuestra web, de verdad.