El ARTIEM Half Menorca 2025 no solo se recordará por la belleza de la bahía de Fornells o por la animación de su paseo marítimo. Quienes participen el próximo 28 de septiembre saben que hay otro protagonista que puede aparecer en cualquier momento y cambiar el guion de la carrera: la Tramontana, el viento del norte que ha marcado la personalidad de la isla durante siglos. Lejos de ser un obstáculo insalvable, entender cómo enfrentarse a él puede ser la diferencia entre un sector ciclista sufrido o una auténtica exhibición.
Uno de los aspectos más importantes es la elección de relaciones de cambio. En un recorrido de 90 kilómetros que alterna zonas rápidas con repechos suaves, contar con un desarrollo equilibrado permite adaptarse a los cambios de intensidad que provoca el viento. Optar por un compact o semicompat (50-34) combinado con un cassette que llegue al 28 o 30 dientes puede dar margen en caso de viento frontal prolongado. Esa relación extra puede significar mantener la cadencia sin “atrancarse” en los momentos más expuestos. En la modalidad Short, aunque la distancia sea menor, la capacidad de reaccionar con agilidad a un cambio de viento lateral es igualmente clave para no perder ritmo.
El segundo gran aliado está en las ruedas y la presión de neumáticos. A menudo pensamos solo en rodar rápido, pero con Tramontana fuerte lo que cuenta es la estabilidad. Reducir ligeramente la presión habitual (unos 0,2-0,3 bares menos de lo que usamos en condiciones normales) aumenta la superficie de contacto y otorga más control en ráfagas repentinas.
Para quienes montan ruedas de perfil alto, puede ser una buena idea apostar por una delantera más baja, incluso 40 mm, que permite mantener la trazada firme en tramos donde los laterales golpean con fuerza. Ese ajuste puede marcar la diferencia entre ir tenso en cada curva o mantener la confianza kilómetro tras kilómetro.
La postura aero también merece atención. Mantener la cabeza baja y los codos firmes en los apoyacodos es fundamental con viento de cara, pero la verdadera habilidad llega al gestionar las ráfagas laterales. Aquí no se trata de luchar contra el viento, sino de ser flexible: rodar ligeramente más abierto, con una mano preparada para reaccionar en el manillar base, es la manera de anticipar cualquier empujón repentino. Quienes se obsesionan con no perder ni un vatio en la posición más agresiva acaban gastando más energía en sostener la bici que en avanzar.
Y un último consejo que no suele aparecer en los manuales: aprovecha la referencia del terreno y los muros naturales de Menorca. El recorrido discurre por zonas interiores donde árboles, muretes de piedra o cambios de orientación ofrecen respiros estratégicos. Conocer previamente esos tramos o identificarlos en el calentamiento permite planificar dónde apretar y dónde guardar fuerzas.
El viento menorquín puede ser duro, pero también justo: sopla para todos. El que mejor sepa interpretarlo y adaptarse será quien llegue a la T2 con más energía y menos desgaste. Y ahí, en la transición hacia la carrera, se verá quién ha sabido convertir la Tramontana en su aliada.
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