El atletismo mundial se encuentra en estado de shock tras la decisión de World Athletics de invalidar los 56:42 logrados por Jacob Kiplimo en la Mitja Marató de Barcelona.
El argumento oficial: el rebufo aerodinámico provocado por la cercanía del coche de cronometraje. Sin embargo, tras analizar el reglamento de World Athletics Label Road Races (C1.6) y los precedentes históricos, la decisión no solo parece severa, sino profundamente inconsistente.
El principal argumento contra la anulación es la indeterminación de la norma. Si bien el reglamento técnico general prohíbe la “asistencia injustificada”, el documento de las Label Road Race Regulations (C1.6) se centra en estándares organizativos, seguridad y requisitos antidopaje, pero no establece una distancia mínima obligatoria en metros que deba mantener el vehículo guía respecto a los atletas.
Si World Athletics no ha cuantificado previamente qué distancia se considera “asistencia” y cuál “cobertura mediática”, ¿bajo qué criterio exacto se mide la ilegalidad? Invalidar un récord basado en una interpretación visual subjetiva a posteriori sienta un precedente peligroso: cualquier marca mundial podría ser impugnada si un juez decide, de forma arbitraria, que el coche estaba “demasiado cerca”.
Toda carrera con etiqueta (Label) de World Athletics cuenta con un Juez Árbitro y oficiales técnicos encargados de velar por el cumplimiento de las normas en tiempo real.
Si el vehículo de cabeza estaba infringiendo las reglas y otorgando una ventaja competitiva a Kiplimo, ¿por qué el juez de carrera no dio un aviso o toque de atención al conductor en el momento?
La labor del juez es preventiva y correctiva durante el evento. Permitir que la carrera transcurra, que el atleta se agote hasta el límite para batir un registro histórico, y solo después actuar desde un despacho, resulta en una gestión deportiva deficiente que castiga al corredor por un error logístico y de supervisión oficial.
La inconsistencia de World Athletics se hace más evidente al mirar otros escenarios. En la Maratón de Boston, debido a su perfil descendente y el frecuente viento a favor, se han logrado marcas históricas que no se homologan como récords mundiales por el trazado, pero jamás se ha cuestionado la proximidad de las motos de prensa o vehículos de seguridad que, en muchas ediciones, han rodado a escasos metros de los líderes.
Investigaciones en otras maratones “Major” y grandes medias maratones internacionales han mostrado situaciones similares donde los vehículos de televisión o cronometraje fluctúan su distancia según las necesidades de la retransmisión.
Si se aplicara el mismo rigor analítico de Barcelona a cada carrera del circuito mundial, es probable que gran parte del ranking histórico tuviera que ser revisado. ¿Se está midiendo a Barcelona y a Kiplimo con una vara distinta?
Otro aspecto que me hizo arquear la ceja es el tiempo, casi un año, que han tardado en pronunciarse. Si era sido tan evidente, ¿por qué esperar tanto tiempo? La respuesta sea cual sea, deja en evidencia de por si la decisión final. Los videos, los tiempos, las pruebas o los argumentos que tenga la WA son los mismos ahora que los que podrían haber usado una semana o un mes después si me apuras. La tardanza en anular el registro de Kiplimo es otro argumento que dejo para la reflexión colectiva.
El reglamento adjunto destaca que las etiquetas (Labels) denotan “estándares superiores en organización y seguridad”.
La World Athetics afirma que la organización de Barcelona falló en la gestión del coche y esta acusación implica una pregunta evidente ¿Cómo se puede incumplir una norma que no existe?
Y ante este escenario ¿es justo invalidar el esfuerzo humano del atleta cuando no hubo una intención ni gestión de la situación por su parte?
La anulación del récord de Kiplimo deja un mensaje amargo: el cronómetro ya no es el único juez en el atletismo; ahora lo es la interpretación subjetiva de un vídeo, basada en una norma que carece de medidas precisas y que en este caso machaca a un deportista que puede marcar una generación y a una organización y a una ciudad que ha demostrado por activa y por pasiva su implicación con el deporte de élite a todos los niveles.
Y, en tanto que artículo de opinión tras haberme documentado con expertos y profesionales del sector, solo puedo pensar que ante tal decisión hay unos intereses ocultos que desconozco, o mejor dicho, prefiero no conocer.
En todo caso, y bajo mi punto de vista, la World Athletics se ha pegado un tiro en el pie
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