En pleno furor con los Juegos Olímpicos de Invierno analizamos qué ventajas puede traer la introducción de una de sus disciplinas reinas en el entrenamiento de un triatleta.
La exhibición de Johannes Klæbo en la última subida de la carrera sprint clásico de esquí de fondo en los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina d’Ampezzo 2026 a 18,4 km/h que le llevó a conquistar el oro con un crono de 3’39″74 en una prueba de 1.585m está en boca de todos.
Un desempeño estratosférico que unido a los datos que desprendió la tabla de hombres y mujeres con mejor V02 Max de la historia, dominada por deportistas de esta especialidad, nos hacen replantearnos si la práctica de esquí de fondo puede reportar beneficios en la preparación y rendimiento de un triatleta.
La respuesta es absolutamente positiva, tanto fundamentándose en argumentos fisiológicos como en testimonios en primera persona de extriatletas. Y es algo que bien saben muchos de los profesionales actuales, pues, por ejemplo, en las últimas semanas algunos de los entrenados por Philipp Seipp se les ha visto en la nieve con los esquís puestos.
Tal y como relata Bernie Shrosbree, quien compitiera en biatlón, representó al equipo nórdico británico, capitaneó al equipo británico de triatlón y compitió en los Juegos de la Commonwealth en Auckland en 1990, lo ideal es practicar el esquí de fondo a modo de entrenamiento cruzado durante la etapa previa a la fase de acondicionamiento en invierno.
Si bien el esquí aporta diversos beneficios, son los relativos a lo cardiovascular y el core los más relevantes.
Según un estudio de intervención realizado por Nopinz que agrupó a varios grupos de atletas que practicaron durante seis meses esquí de fondo, demostró que el V02 Max mejoró en un 5%.
Además, tal y como escribió Pedro Serrano, licenciado en CAFÉ y entrenador nacional de esquí, la práctica de esquí a una altura comprendida entre los 2400m y los 2800m sobre el nivel del mar provoca un aumento de la frecuencia cardíaca durante 4 o 5 días y en un aumento de las tasas de producción de la eritropoyetina endógena, la famosa hormona EPO que provoca el aumento de glóbulos rojos. Sin olvidar, los otros beneficios que esta concentración en altitud puede tener a largo plazo.
Un progreso que también se extiende a la fuerza y gracias a ello, el deportista es capaz de bombear una mayor potencia, especialmente en la parte superior del cuerpo y es que, como señala Shrosbree, hay que recordar con este deporte queda implicado algo llamado acción cardíaca periférica, que obliga a trabajar los altos con las piernas y la parte superior del cuerpo.
En ese sentido, Serrano nos indicaba que el esquí de fondo, a la intensidad adecuada, mejora la fuerza de glúteos, isquiotibiales, cuadríceps, y los músculos flexores de la cadera en lo que respecta al tren inferior (ciclismo y carrera a pie) y tríceps, deltoides, pectoral, y dorsal en el tren superior (natación) y evidentemente se labra el core. Todo ello, trabajo específico de grupos musculares que intervienen directamente en la práctica del triatlón.
Una evidencia a la que se les une otra tan gráfica como básica como lo es que el esquí de fondo es quemacalorías excelente dado que una sesión típica genera un gasto calórico enorme. Lo que implica más allá de lo cardiovascular, una mejora del metabolismo, la salud ósea e incluso la calidad del sueño.
Dos afectos fundamentales, con una ristra de efecto secundarios positivos inmensa en otros subapartados en el ámbito del rendimiento que hace del esquí de fondo un aliado perfecto para la pretemporada y época invernal para aquellos que se lo puedan permitir económicamente.
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