Casper Stornes en plena competición. Fotografía: Ironman
El noruego desvela cómo afectó el triunfo en Kona en las expectativas mediáticas y propias de cara a la cita marbellí.
La trayectoria deportiva de Casper Stornes cambió radicalmente al alzarse con el Campeonato del Mundo Ironman en Niza y con él lo hizo también la lupa de expectativas y exigencia a la que el ojo público le somete en cada una de sus nuevas apariciones. Un juicio experto cuya primera revisión llegaría en el Mundial Ironman 70.3 de Marbella, en lo que iba a ser su reaparición tras dar la campanada en suelo francés.
El noruego respondió con un bronce en el evento supremo de una distancia en la que su segundo lugar en Ironman 70.3 Pays d’Aix era su resultado más prestigioso. Un mes después de firmar ese doblete ‘de podio’ mundial, el nórdico ha contestado con franqueza a la gran pregunta que no podía responder con total honestidad en las horas previas a luchar por ese segundo título de la temporada, el factor presión.
Convertido en favorito casi de la noche a la mañana tras haber dado la campanada, el crisol de emociones de Stornes al respecto han quedado plasmadas en vídeo de la semana previa a la jornada marbellí y los minutos inmediatamente posteriores a cerrar el curso con esa nueva medalla.
Una grabación ahora pública en la que también añadía: “No siento que necesite esta carrera para completar nada, pero hemos estado aquí cuatro semanas preparándonos para ella dedicando tiempo y energía y obviamente quiero ganar, pero sé que va a ser difícil”. Una filmación en la que comentaba sentirse bien, a la par que admitía no obstante y de forma interna que independientemente de ello el cuerpo sentía ya el peso de una temporada que calificó como “larga”, en la que avisaba del delgada línea entre “estar en forma y estar bien”.
Unas afirmaciones que hoy salen a la luz y que contrastan con la versión formal y oficial que dio en las entrevistas del press day de Marbella y en la propia rueda de prensa del Mundial donde a la cuestión de si sentía diferente al día previo a Niza, Stornes replicaba: “Me siento exactamente igual”.
Una realidad incompleta que en su vlog personal queda inmortalizada íntegramente: “Sí, me siento exactamente igual, pero también me siento más estresado y le he estado dando vueltas (mentalmente)”. Un juego psicológico entre lo que revelas y lo que escondes que el noruego ha tenido que aprender a jugar en cuestión de un mes, las cuatro semanas que pasaron desde su salto al estrellato.
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