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El salto especial de Antonio Benito

El de Antonio Benito en la madrugada del sábado fue mucho más que un estreno en Kona, fue un salto inconscientemente bidireccional.

Volvieron los nervios, la ilusión de tener a alguien al que animar y por el cual “sufrir” en Kailua Bay. Fueron los Miquel Blanchart, Víctor Del Corral, Clemente Alonso, Eneko Llanos, Iván Raña o Javier Gómez Noya, lo que hoy simboliza Antonio Benito para muchos. Asistir al amanecer en la isla, mientras la luna se asoma por su ventana.

En la pantalla un deportista que accedía a la prueba reina de la larga distancia convertido en cantero del triatlón y que llegaba a Hawái desacomplejado y consciente de su valor, pero liberado de presión externa. La del excesivo foco mediático internacional y la del escrutinio exhaustivo de unos rivales con los que apenas había coincidido. Como la promesa que conoce al dedillo cada uno de los detalles de sus ídolos – ahora compañeros – y se aprovecha de ellos al hacerlos jugar a la gallinita ciega por no haber hecho los deberes para con su potencial. Un luchador que sabe dónde le van a dar y se guarda su truco final.

Quizá por eso los prolegómenos en Kailua Bay sonaban a una fiesta que seguro el “melón” no sentía como tal, pero sí lo pareció. Tal vez su gorro hundido en las profundidades del Pacífico y un look más propio de esas jornadas de final de curso, buen tiempo y relax que terminan rompiendo el papel de hasta el más compuesto de los serios fueron los responsables. Pero lo cierto es que verlo salir pegado a los pies de Laidlow como si hubiera cubierto sin sufrimiento y más bien gozo esos 3’8K hizo mantener esa aura casi pueril en el día más importante de Benito.

Candidez hecha fachada para enmascarar la inteligencia y frialdad de un hombre que no pecó de inocente sobre una bicicleta tan tentadora como traicionera. No buscó seguir a Laidlow, no intentó liderar la caza, no trató de escapar en solitario ni hacer movimiento arriesgados, no se puso al límite como un maestro como Blummenfelt que erró en una asignatura que ya creía tener matrícula de honor. El del del Cidade de Lugo se refugió en el grupo donde se mantuvo en un intencionado segundo plano como el niño que está a punto de planificar su siguiente travesura en medio de un patio reservado para los mayores y las leyendas. Simplemente, ahí esperando su momento, ignorando faroles, inquietudes, inmediateces y prisas mientras guiñaba el ojo a la cámara.

Porque sí, su instante estaba por acontecer en esa carrera a pie en la que (casi) siempre se lleva un trozo de pastel en un truco o trato en el que no necesita de negociador externo mimetizado como un guepardo para ser uno de los más veloces y escalar como Peter Parker por los rascacielos del triatlón. Así fue, se encaramó a la sexta planta con vistas a un TOP5 – que hubiese sido histórico – tan habilidosamente y tan aparentemente sencillo como los hermanos Pou en un grado 9.

Pero Kona le dio calabazas adelantando Halloween en el calendario para aguar su fiesta y convertir su paraíso y guateque en un túnel del terror en el que no erupcionó el Kīlauea, ni tampoco Benito, sino que la suela de sus zapatillas se convirtió en el magma sobre el que pisó su planta hasta la abrasión y dejarse literalmente la piel. La novatada no escrita, pero consabida de un lugar tan monstruoso como bello que ya le ha marcado a fuego un “regresa pronto”.

Mas como diría Sabina “Y sin embargo, te quiero” porque Benito a pesar de sus penurias no abandonó, sino que rindió tributo al templo como unos desahuciados Sanders o Blummenfelt para terminar y cruzar una meta en la que saltar. Porque sí, porque como canta Tequila “Hoy estoy alegre y tengo ganas de saltar, Yo digo salta, Salta conmigo” porque el triatlón español tiene un hombre con el saltar del sofá.

Un-saltito-especial de Antonio Benito al cruzar la meta en Kona. Fotografía: Ginés Díaz

Olatz Zubia Zeberio

Con tres años me lanzaron a una piscina de la que no he querido salir, con alguno más me enamoré del ciclismo y el atletismo (popular). Rendirme a los encantos del triatlón fue el paso natural. Además, soy graduada en Comunicación Audiovisual y Máster en Diseño y Gestión de la Producción Audiovisual por la UAB.

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