El club Eibar Triatloi Taldea (Eibar TT) señala como «detonante» de la suspensión de su XXXI edición a la falta de voluntarios. Reflexionamos sobre el papel crucial de estos.

Mazazo para el duatlón euskaldun. El Duatlón de Eibar / Eibarko Duatloia, cuya celebración estaba prevista para el sábado 21 de marzo, se suspende por «falta de voluntarios» según ha anunciado en las últimas horas el club Eibar Triatloi Taldea, responsable del evento.

CRONOLOGÍA DE UNA CANCELACIÓN ANUNCIADA


Un final precipitado que se presagiaba ya en las últimas semanas cuando el Eibar TT echaba mano de sus redes sociales para realizar un llamamiento de urgencia.

Era el pasado 10 de febrero cuando lanzaban su primer grito de auxilio con un mensaje contundente. “Necesitamos voluntarixs. A todos nos gusta que en nuestro pueblo se celebren este tipo de eventos, para ello es indispensable la colaboración ciudadana, sin ella es IMPOSIBLE” difundían entonces.

No podían garantizar la seguridad, ni cubrir todos los cruces y puestos logísticos.

Una convocatoria que escalaba en su urgencia el 17 de febrero con el siguiente comunicado: “El Duatlón de Eibar está en peligro. Si para el miércoles 18 (de febrero), a las 23:59h no conseguimos 20 personas voluntarias más, nos vamos a tener que ver en la obligación de suspender la prueba” anunciaban esperando un giro de última hora que salvase in extremis una edición que debido a ese vacío todavía no habían podido abrir las inscripciones ya que no podían garantizar la seguridad, ni cubrir todos los cruces y demás puestos logísticos que ocupan los voluntarios.

A pesar de esa petición pública, no ha habido final feliz y por segundo año consecutivo las calles armeras no se llenarán de deportistas, aficionados y voluntarios para mantener viva esta disciplina. “Lo sentimos, pero este año no vamos a poder llevar a cabo el duatlón. Muchas gracias a todo el mundo que nos ha ayudado” dictaban desde la organización. Aun así, el Eibar TT alimenta su esperanza de cara al futuro: “Volveremos el año que viene”.

ODA AL VOLUNTARIO/A: LA PIEZA PRECIADA PERO INVISBLE DEL TABLERO


Centrándonos en el caso armero, espejo involuntario de muchos, su suspensión pone de manifiesto el impacto y trascendencia que tiene el voluntariado deportivo, a la par que ha escenificado su complejo encaje de bolillos.

En pocos caracteres, sin ellos, no hay ‘paraíso’. Especialmente en un contexto local, porque tal y como ya incidían Strigas & Jackson Jr en 2003 y traía de vuelta Salvador Angosto en su tesis doctoral de 2021, es en los eventos de menor escala, pese a ser menos numerosos, donde la contribución de los voluntarios es igual o más significativa e importante que la de un voluntario de los Juegos Olímpicos por poner un ejemplo.

Sí, su papel adquiere una relevancia incomparable. Su figura altruista genera cohesión social y ciudadana, ejerce como revitalizador de la vida vecinal y facilitador de la práctica deportiva sin olvidar que su trabajo no remunerado – más allá de cubrir puestos vitales en el día D o incluso en los meses previos – reduce los gastos de producción de cualquier evento, al mismo tiempo que su labor se capitaliza indirectamente mediante beneficios económicos para la villa; sea para el club (difícilmente rentabilizan un evento así aunque gracias a ello sí consolida su entidad deportiva) u otros agentes como lo puede ser la hostelería del municipio que se aprovecha de un acontecimiento de este tipo y el ambiente que se genera entorno a él.

Un conjunto de valores activos que ni siquiera responden al más importante de todos ellos, fuera del deportista en acción, el voluntario es el mayor baluarte de entrega y compromiso, el trasmisor y vigía silencioso de la tradición para con un evento y un referente de carrera. Pero, al mismo tiempo, el voluntario es habitualmente ese niño/hombre – niña/mujer del club, y, por lo tanto, su voluntad participativa choca frontalmente con su voluntad competitiva. Esa que no puedes ‘matar’ ni privarle de ella ‘jugando’ en casa.

Un contexto que deriva en un conflicto de interés de difícil solución autónoma. En estos casos, la cantera tampoco es suficiente porque en un deporte minoritario, y en un evento (Duatlón de Eibar) en el cual desde cadetes tienen su espacio en carrera, esta desaparece para verlos evidentemente en acción.

Por ello, mientras escribimos esta oda al voluntario, parece inevitable apelar a un espíritu cooperativo como salvación. Mas en un deporte donde la autarquía financiera de sus eventos es una quimera y mudar la gratuidad del trabajo voluntario por uno retribuido con algo más que la autosatisfacción y el querer popular, una utopía; no queda más que recordar al atleta que si sus objetivos, sus marcas personales o sus sueños se hacen realidad en carrera es posible porque estas existen gracias a todo un equipo que trabaja arduamente tras bastidores en una perfecta sincronía paralela a su preparación como participante; y a los clubes de los entornos y a la sociedad local con otros intereses, pero idénticas ilusiones de llevar a las calles sus propias iniciativas aludir al refranero popular «Cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar».

Porque tal vez hoy es Eibar, pero mañana no se sabe qué lugar o qué institución perderá o deberá renunciar momentáneamente y sin futuro asegurado a una actividad que más allá de su valor competitivo, crea historia, moldea identidad y tradición, revitaliza el ocio de un fin de semana anodino, genera interés y movilización y fomenta cultura – de la deportiva o artística según el caso.

Por todo eso, si el tiempo, las obligaciones, la vida te lo permite, no des la espalda – difundirlo ya es actuar – a un evento cercano necesitado de voluntariado que hoy puede parecerte intrascendente, pero es capital. No hay Ironman de Kona o infierno de Zuia sin haber pasado por unos cimientos que solo se construyen en clave localista, de abajo a arriba, como el primer pilar de una pasión. Cuídense mutuamente.